Campeón y goleador, para qué más: Bacca



Cada vez que se presenta un partido trascendental, los hinchas y hasta algunos periodistas sueltan la siguiente frase: “Ese partido hay que ganarlo como sea, así sea con un gol con la canilla”.

Junior necesitaba vencer a La Equidad a toda costa, por dos goles de diferencia. No importaba en qué minuto y si el gol era hermoso, simpático o feo. “Un gol es un gol. El mío vale un título”, dice Carlos Bacca.

El porteño anotó con la canilla el tanto que significó la sexta estrella del Junior. En la agonía del juego, en uno de sus avances ofensivos, intentó eludir a un defensor, el balón se le fue largo y John Viáfara con su rula derecha, perdón,
con su pierna derecha, rechazó fuerte, pero sin cálculo ni clase. “Hasta para rechazar un balón hay que tener categoría”, dice el periodista Nilson Romo.

El despeje desaforado de Viáfara rebotó en la canilla de Bacca y el balón, mansamente y con total precisión, bañó al arquero Nelson Ramos y terminó en el fondo de las piolas.

Lamentos de un zaguero, alegrías de un goleador. De un eterno, imparable, oportunista y suertudo goleador.

“Yo estaba buscando el gol y se me dio, no tengo culpa”, dijo ayer el atacante dejando escapar una sonrisa.

Ya había transmitido lo mismo a través de sus gestos en la celebración de la histórica diana. Como quien dice, yo estaba en lo mío, allá ustedes si rechazan mal.

La suerte hace parte del fútbol, pero la suerte no juega sola, hay que buscarla. Es más o menos como “ayúdate, que yo te ayudaré”. Bacca se rebuscó su gol con su lucha, con su guapeza en medio del mar de pirañas que defendían la cabaña de Ramos.

“La Equidad es un equipo fuerte en defensa y no era fácil superarlo. Afortunadamente contamos con la ayuda de Dios y la suerte del campeón para sacar el partido adelante”, dijo el atacante.

Fresco, sin ínfulas ni prepotencia, Carlos Bacca mantuvo la humildad después de amanecer como campeón y máximo goleador del fútbol colombiano.

Fue hasta tarde la celebración por el título del Junior. Ayer prefirió buscar reposo en las playas de Cartagena, al lado de su esposa.

“Hay que aprovechar estos días de descanso porque muy pronto tenemos que volver a entrenamientos. Ahorita ya estamos jugando otra vez”, dijo el porteño a EL HERALDO antes de partir a La Heroica.

La felicidad continuará dibujada en su rostro por un largo rato. Todavía se ríe y alaba la afortunada jugada del decisivo gol. Pero lo que lo tiene brincando en un solo pie es la vuelta olímpica con la que tanto soñaba.

“Siempre había deseado ser campeón con la camiseta de mi equipo y gracias a Dios lo conseguí”.

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